«Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.» Santiago Ramón y Cajal.

La semana pasada vi la película de Lucy y me llamó la atención la frase: “Se dice que sólo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral pero y si hubiera una forma de acceder al 100% de nuestro cerebro. ¿De qué seríamos capaces?”

Neuroplasticidad.

Hace unos años se pensaba que las neuronas se morían con el paso de tiempo y el cerebro no tenía capacidad de regenerarse. Ahora hay investigaciones que demuestran la plasticidad del cerebro, es decir, la capacidad del cerebro de aumentar o disminuir el número de ramificaciones neuronales y de sinapsis (unión entre neuronas) a partir del un estímulo. Según dice Francisco Mora, uno de los autores del libro: Serás lo que quieras ser: “El cerebro se hace día a día, en su sentido físico y químico, como resultado de la interacción que realiza con el medio ambiente en el que nace, crece y se desarrolla.”

Cuando se activan determinados tipo de  neuronas éstas se enlazan y cuánto más a menudo se usan aumenta la capacidad para transmitir y almacenar información.

Las redes neuronales son responsables de que tengamos determinados hábitos, comportamientos y pensamientos. Elsa punset lo describe como si bajásemos por una montaña con un trineo, al principio nos costará pero si bajamos repetidamente se hará un surco en la nieve y cada vez será más fácil descender por esa montaña. Elegir hacer surcos nuevos es más costoso que ir por los de siempre pero nos permitirá tener más hábitos nuevos y permitirá al cerebro remodelarse. El cerebro elimina aquellas conexiones que no se utilizan para destinar la capacidad cerebral disponible a aquellas que sí se utilizan, mejorando la productividad. Por lo tanto podemos elegir hacer siempre lo mismo o elegir hacer cosas diferentes para transformarnos y evolucionar, ya no vale la excusa de “yo soy así”. ¿Qué vas a elegir?

¿Para qué entrenar el cerebro?

Hasta mediados de los años 50 nadie se preocupaba de hacer ejercicio porque no conocían sus beneficios. Ahora nos ocupamos de nuestro ámbito físico: dormimos, nos alimentamos bien, hacemos deporte, descansamos, etc.  Y con respecto a nuestro cerebro ¿Cómo lo entrenamos?

Según Elsa Punset: “Hay que invertir conscientemente en el mantenimiento, la conservación y la reparación de las estructuras emocionales y psíquicas que hemos tardado años en consolidar, de la misma manera que inviertes en tus recursos físicos”.

Los descubrimientos demuestran que nuestra inteligencia es emocional, en la base de cada pensamiento hay una emoción. En el cerebro se encuentran las emociones, con las cuales nos comunicamos, aprendemos, tomamos decisiones, por lo que es importante educar nuestras emociones ya que nos informan de cuáles son nuestras necesidades.

El cerebro no se desgasta con el uso, por lo que cuanto más lo ejercitemos más se desarrollará. Puedes seguir haciendo lo mismo y todo aquello que no hagas se perderá o por el contrario puedes hacer cosas nuevas que con la repetición se convertirán en hábitos que diseñarán tu estilo de vida. Esto te permitirá seguir experimentando, aprendiendo y consolidando nuevos aprendizajes que se convertirán en hábitos que te sacarán de tu zona de confort y te llevarán a la zona de aprendizaje.

¿Cómo entrenar el cerebro?

Según Marta Romo: “Para que nuestro cerebro esté en forma necesitamos, como mínimo, tres variables en nuestro día a día: sueño de calidad, estrés moderado y emociones positivas (afecto).”

Marta Romo en su libro: “Entrena tu cerebro” explica que existen cinco ondas cerebrales y nuestra eficiencia dependerá de nuestra flexibilidad para pasar de una onda a otra. Cuando estas ondas cerebrales están alineadas con la tarea que realizamos podemos dar lo mejor de nosotros/as. Las ondas Beta están asociadas a estados de alerta, atención focalizada y pensamiento activo. Las ondas Gamma son las ondas de la intuición y la creatividad. Las ondas Alfa desconectan la atención y conectan la introspección. Las ondas Theta se asocian a la somnolencia. Las ondas Delta son las del sueño profundo.

Daniel J. Siegel diseñó en el 2011 una dieta mental con siete tareas para que nuestro cerebro esté en forma.

Marta Romo en su libro recomienda diseñar una agenda con los nutrientes esenciales que producen esas frecuencias en el cerebro y utilizar los colores del arcoíris para representarlos en dicha agenda:

  • Dormir (violeta): El cerebro debe descansar para consolidar los aprendizajes y recobrar fuerzas. Esta actividad potencia las ondas delta y theta.

Durante el sueño el cerebro realiza un proceso de limpieza y eliminación de residuos vinculados al Alzheimer y a la demencia, según un estudio del equipo de investigadores del University of Rochester Medical Center. El sueño contribuye a la plasticidad del cerebro y sirve para consolidar los aprendizajes adquiridos durante el día.

¿Cuántas horas duermes? ¿Cómo duermes? ¿Qué te quita el sueño?

  • No hacer (añil): Tiempo para relajarse y no hacer nada. Esta actividad potencia las ondas theta y alfa. En esos momentos en que estamos con la mirada perdida, vagando libremente, desconectados del mundo exterior, sin hacer nada en concreto son los momentos que potencian la creatividad. ¿Cuánto tiempo dedicas a no hacer?
  • Actividad contemplativa (azul): momentos de reflexión, meditación, en los que nos centramos en nuestro interior (emociones, pensamientos, etc.). Estas actividades potencian las ondas alfa y gamma.

El mindfulness contribuye a aumentar la concentración, el autocontrol emocional y reduce el estrés. ¿Cuánto tiempo dedicas en tu día a día a meditar, practicar mindfulness, etc.?

  • Conexión (amarillo): Tiempo para conectar con los demás. Estas actividades potencian todo tipo de ondas. Las emociones nos permiten conectar con nosotros mismos y con los demás, dan información muy valiosa a nuestro cerebro y nos sirven de guía a la hora de tomar decisiones y establecer nuestras metas. ¿Cómo gestionas tus emociones?
  • Juego (naranja): Tiempo para vivir experiencias divertidas, jugar, ser creativos. Estas actividades potencian las ondas gamma.

Según Albert Einstein: “El juego es la mayor forma de investigación.” Cuando jugamos se segregan endorfinas que son neurotransmisores que disminuyen la ansiedad y nos hacen sentir placer y bienestar. En ambientes lúdicos se potencia el aprendizaje y se contribuye a que las personas den lo mejor de sí mismas.

¿Qué actividades lúdicas puedes incluir en tu día a día? ¿Cuánto disfrutas de las cosas que te gustan? ¿Cómo te premias?

  • Ejercício físico (verde): Practicar deporte, caminar, bailar, etc. Estas actividades potencian las ondas gamma y beta.

En los años 90 los científicos del Salk Institute for Biological Studies descubrieron que el ejercicio muscula el cerebro. Por lo tanto, hacer ejercicio y dormir adecuadamente son los pilares básicos de la salud física y mental, que están íntimamente relacionadas. Hay evidencias científicas que demuestran que el ejercicio cardiovascular mejora la densidad y las funciones de la corteza frontal del cerebro.

  • Hacer (rojo): Tiempo para fijar objetivos y realizar tareas, tiempo para trabajar. Estas actividades potencian las ondas beta.

¿Qué actividades de este arcoíris, como dice Marta Romo, tienes en tu día a día? ¿Qué vas a hacer para integrar todos los colores en tu agenda?

Publicado por Inmaculada Rodríguez.

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