«Agile es el arte de hacer cuando no se sabe todo lo que se necesita para hacer. El arte de hacer algo cuando el camino está lleno de niebla y es cuestionable». Peter Beherens.

Vivimos en un entorno digitalizado con grandes avances tecnológicos donde estamos hiperconectados. Un entorno donde todo cambia rápidamente, con gran incertidumbre, donde satisfacer a clientes con nuevas expectativas, etc. Creo que la forma de trabajar tradicional no funciona y es necesario cambiar para sobrevivir.

Desde mi punto de vista las metodologías ágiles son las que más se adaptan a ese entorno actual. Estas metodologías buscan la adaptación al cambio, ponen foco en las personas antes que en los procedimientos y herramientas y buscan la mejora continua.

Las metodologías ágiles surgieron en los años 90 y creo que han venido para quedarse.

¿Qué son las metodologías ágiles?

En el siglo XIX comienza la revolución industrial donde adquieren relevancia los principios del Taylorismo. En el siglo XX el modelo taylorista ya no tiene sentido y empieza la economía del conocimiento. Y ahora estamos en la cuarta revolución industrial, donde las metodologías ágiles adquieren relevancia porque permiten una mejor adaptación a un entorno lleno de cambios e incertidumbre.

Lean surge en los años 40 para aligerar procesos en la industria manufacturera, siendo Toyota su principal impulsor. En 1990 aparece el libro: “The machine that changed the world” en el que los autores citan este término. Extrapolan los conceptos de la industria automovilística al mundo del software dando lugar al concepto de Lean IT. Lean tiene una serie de principios y buenas prácticas. Entre los principios IT aplicados a las tecnologías del conocimiento se encuentran:

  • Entrega de valor: Software que trata de entregar valor para que tengan un beneficio económico.
  • Minimizar el desperdicio: Que la entrega de software tenga menos desperdicio. Por ejemplo: rehacer una tarea dos veces es desperdicio, si paro y vuelvo a ponerme con el trabajo, esas paradas son desperdicio, etc.
  • Mejora continua: mejorar procesos, equipos y entorno relacionado con agile. Ej: retrospectivas que son reuniones para inspeccionar el equipo y el proceso. Reuniones para identificar qué hemos hecho bien y qué podemos mejorar.

Lean es el marco bajo el cual se encuentran las metodologías ágiles. Los 4 puntos esenciales del Manifiesto ágil son:

  1. Valorar a las personas y sus iteraciones frente a procesos y herramientas.
  2. Valorar más el producto o servicio que funciona que una documentación exhaustiva.
  3. Valorar más la colaboración con el cliente que la negociación de un contrato.
  4. Valorar más la respuesta al cambio que el seguimiento de un plan.

Scrum, Kanban o Lean son métodos de trabajo ágiles que reflejan ese espíritu.

¿Qué aportan las metodologías ágiles?

Según el informe de la Agile Alliance de 2012 las organizaciones ágiles «entienden el sistema como un todo. Adoptan un liderazgo catalizador, se basan en un aprendizaje continuo, cultivan un estilo de comunicación abierta, se centran el valor para el cliente y en su capacidad de adaptación y buscan la excelencia».

Estas metodologías ágiles permiten:

  • Valorar más las personas que los procesos y herramientas.
  • Buscar la colaboración con el cliente.
  • Responder a un cambio en lugar de seguir un plan exhaustivo.
  • Satisfacer al cliente y entregarle valor.
  • Aprovechan el cambio para ofrecer una ventaja competitiva al cliente.
  • Fomentan una mayor colaboración y confianza entre los miembros del equipo.
  • Dan a los equipos el apoyo que necesitan y les ofrecen un entorno basado en la confianza.
  • Ponen el foco en mejorar la comunicación entre los miembros del equipo.
  • Promueven el desarrollo sostenible evitando la sobrecarga de trabajo.
  • Fomentan equipos multidisciplinares que reflexionan continuamente sobre cómo ser más efectivos. De esta forma pueden ajustar y perfeccionar su comportamiento en consecuencia. Así se fomentan equipos de alto rendimiento.
  • Buscan equipos autoorganizados. Los miembros del equipo son los que mejor saben cómo es su trabajo y cómo organizarlo. Por este motivo es importante que tengan autonomía, responsabilidad y mayor consciencia. Todo ello repercutirá en la motivación de los miembros del equipo y su efiencia.

¿Cómo aplicar la agilidad en las empresas?

Hay muchas compañías que continúan estancadas en el pasado y utilizan antiguas formas de trabajar que hacen muy difícil la convivencia y satisfacción de los trabajadores/as.

Cada vez más trabajadores/as buscan desarrollarse en organizaciones colaborativas, con un estructuras planas, que fomentan la responsabilidad, la autogestión, la colaboración, el aprendizaje continuo, etc.

Creo que las metodologías ágiles deben adaptarse a cada empresa. A veces incluso hay que buscar un punto de equilibrio entre ágil y tradicional. La agilidad va más allá de la aplicación de unas metodologías es adoptar una cultura ágil. Una cultura que ponga el foco en el cliente y en los equipos.

¿Qué tipo de liderazgo es necesario en una cultura ágil? Según un artículo de John Coleman existe una combinación perfecta entre alta agilidad y alta consistencia que permite a las personas tener un propósito y tener la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios necesarios que demande el entorno.

Creo que la agilidad va más allá del desarrollo del software y puede aplicarse a cualquier tipo de empresa. Dice Steve Denning: «No se trata de hacer más trabajo en menos tiempo, sino de generar más valor con menos trabajo».

¿Qué vas a hacer diferente a partir de ahora para implantar una cultura ágil en tu empresa?

Photocredit: Inmaculada Rodríguez